miércoles, 1 de abril de 2009

Remembering John (28/08/2008)



Oh, mierda".

El chico moreno llevaba por lo menos dos horas ensayando ese maldito acorde. (Haber estado dos horas era todo un récord para él, que sólo aguantaba quieto cinco minutos).

Por mucho que escuchara la melodía, memorizara la posición de los dedos e intentase dejar la mente en blanco sólo por ese acorde; sabía que no le saldía jamás. (En aquella época solía ser un derrotista).

Su tía ya había subido cuatro veces a su habitación para quejarse del ruído constante de la guitarra. (Sí, porque sólo era ruído para él, nunca sería bueno, sólo era un chico de Liverpool).


Decidió dejar la guitarra cuidadosamente en una esquina (a salvo de la puerta) y bajó como un rayo las escaleras. Al salir a la calle, el frío de Diciembre le heló el alma, pero siguió caminando. Llegó a los astilleros y automáticamente se vio a él mismo con 20 años, trabajando allí. (Y todo por un maldito acorde, aunque la mayor parte de la culpa la tenía ella).

"A la mierda los Quarrymen, Presley, Buddy Holly, Little Richard, el Skiffle, el Rock, el Rythm & Blues y todo. A la mierda mamá. A la mierda, Alfred Lennon. A la mierda, John".


Mirando hacía la desembocadura del Mersey, suspiró.

John Lennon no era así, claro, el problema era sólo Julia. Maldita Julia Stanley. Prometiendo el futuro y muriendo esa misma tarde.



Entonces un pitido lo devolvió a la realidad.

"¿Señor? ¿Señor, me oye?"

"¡¡JOHN, JOHN!!"

"Cálmese señora, por favor... ¿Señor? ¿Me escucha?"

"Sí..."

"Muy bien, dígame como se llama".

"Lennon, John Lennon de los Beatles".


Y su corazón dejó de latir.

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